Ahí por donde pasaban trenes ahora nacen flores

                                      2021

                                      un proyecto de Joan Polo Campalans

                                     con texto de Sergio Amador

                  

                                     Prólogo de Íria Rodon Casale

Josep Maria Esquirol escribe en “La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad” la siguiente reveladora equivalencia: “Hay algunos juegos infantiles, como el de tocar y parar, en que después del peligro, si el mozo consigue llegar a una zona segura, grita “Casa!” o “Salvado!”. Paga la pena fijarse en la cara de satisfacción que hace al pronunciar estas palabras. Reveladora equivalencia: la casa salva”. 

 

Es inevitable concebirse como ser que necesita formar parte de un lugar, que necesita, de hecho, saberse situar en un punto en concreto del mapa. Esta duda, que nos invade en algún momento de nuestra vida, nubla nuestros pensamientos hasta desarrollar un largo monólogo entre la parte más radical y la parte más sentimental del yo. Es en este punto donde llegamos hasta casa. 

 

Y qué es casa? —nos preguntamos. 

 

Nos enseñan a entender este concepto como un espacio físico, como una construcción arquitectónica, o bien como un lugar que nos da cobijo y refugio. Cuando ésta concepción no se adapta al que nos es impuesto, tambalea nuestro círculo de confort... Y es que, es difícil aceptar que cuando nos estén a punto de atrapar, como dice Esquirol, no tengamos un lugar donde caer rendidos después del esfuerzo de la última carrera. 

 

Quizás sí seamos capaces de situarnos en un punto en concreto de un mapa; o quizás casa sean personas que están en constante movimiento, y por eso, no sabemos donde situarnos.